26 noviembre 2009

Rodear Santiago en bicicleta
Lunes 21 de Abril de 2008

Germán Arancibia, ciclista y montañista, dedica gran parte de su tiempo a levantar rutas para mountain bikes, las que quiere compilar en un manual. Recomienda recorrer en familia el circuito que rodea toda la Laguna de Aculeo: "Es un terreno plano de 27 km., no hay ningún riesgo y el paisaje tiene mucha vegetación y unas casas coloniales preciosas". La ruta comienza en Pintué, al que se llega después de tomar la desviación a Champa que está pasado Paine, en la Ruta 5 Sur. Arancibia sugiere visitar la Gruta de Lourdes que está en el km.3 del recorrido y la Hacienda Letelier, donde hay una casona del siglo 19. "También se pueden realizar cabalgatas guiadas hacia el Alto de Cantillana o Punta Horcón, o pagar un sector de picnic en Pintué, ahí hacen paseos en lancha y uno se puede bañar en la laguna", añade. El circuito termina en esta misma localidad.

Sector oriente
Nicolás Barros, director de Contrapedal, revista especializada en ciclismo, recomienda subir hasta el km. 4 del Camino a Farellones (puente Las Varas) y doblar hacia la derecha, donde hay una ruta que lleva a pequeñas parcelas: "La subida es relativamente fácil y por un camino ancho. El paisaje es muy bonito, arriba se llega hasta un tranque donde aparece la vista de todo el sector oriente y uno sale por la parte de atrás de San Carlos de Apoquindo". Lo que más destaca de esta ruta es que la bajada se realiza por un camino distinto al de la subida: "Es un sendero para bicicletas entretenido y rápido, un poco más técnico, pero uno puede hacerlo lento. Lo bueno es que no te encuentras con gente subiendo". Barros opina que es un circuito circular, porque se puede dejar el auto antes de subir hacia Farellones y volver por Quinchamalí hasta el mismo punto.


La más costera
El Roble, ubicado a 60 km. de Santiago, es de los pocos cerros que se pueden subir completos en bicicleta y uno de los más altos de la cordillera de la costa (2.200 mts.). Es la ruta que recomienda Arthur Prat, el creador de CicloAventura (www.cicloaventura.cl): "Tiene un camino para autos hasta arriba, entonces vas por un sendero que no es peligroso. Aunque hay que tener práctica, lo más importante es la paciencia: algunas personas lo suben en una hora y media y otras hasta en cuatro". El acceso al cerro se encuentra por la cuesta La Dormida (desviarse en el km. 55 de la Ruta 5) que lleva hasta Caleu. Pasando el retén de ese poblado, hacia mano derecha, está el portón donde se puede estacionar para comenzar a pedalear. El ciclista sugiere subirlo en distintas épocas del año: "En junio y julio está nevado de la mitad hacia arriba, en cambio en otoño la vegetación es completamente roja. Es como si subieras dos cerros distintos". Destaca que la cima es ancha y es posible rodearla en bicicleta: "Si está despejado se puede ver desde el Aconcagua hasta la costa".

Río arriba
Mariela Liberona es la creadora de Ciclonautas (www.ciclonautas.cl). Según ella una de las rutas más bonitas y menos conocidas es el desvío hacia el Alfalfal, que está pasado el puente Colorado, a la izquierda, por el camino que lleva a San José de Maipo: "Va en constante subida y pedaleas todo el tiempo al lado del río Colorado. Es un camino que se ve bastante duro". Esta ciclista recomienda esta ruta por ser tener poco tráfico, sobre todo en días de semana y donde se pueden avistar aves, incluso cóndores. La ruta abierta al público llega hasta la central hidroeléctrica El Alfalfal y el regreso es por el mismo camino. "Lo mejor es volver al atardecer', dice. Ojo con...
Una buena opción para medir su capacidad física antes de emprender rutas con más dificultad es subir el cerro San Cristóbal en bicicleta.

Lo imprescindible
Para estos recorridos es necesario revisar que la bicicleta esté bien mecánicamente (en especial los frenos), para lo que es recomendable llevarla a un taller y portar las herramientas necesarias durante el viaje, como llaves y parches o cámara de repuesto. Llevar abundante agua y avisar a Carabineros la salida y la hora estimada de llegada. Obviamente, el uso del casco es obligatorio.

Por Andrea Buccioni L.
Revista:Domingo de el Mercurio

10 noviembre 2006

Y me subí a la bicicleta. Primera Parte:
Travesía “San Pedro de Atacama - Puritama de los Pobres - San Pedro de Atacama

Esta es una de esas historias que acompañan para siempre a quien la vivió. Episodios indelebles que son causa y consecuencia de una serie de acciones y situaciones, sin que sea muchas veces apreciado o analizado en su momento… en su presente.

Este relato contiene fragmentos de la bitácora de viaje que llevé en mi paso por San pedro Atacama y sus alrededores

Estaba en Antofagasta, viviendo con mi tía Rosa, que se parece a mi padre un poco, y la quiero harto, y ella, que me quiere harto, y me parezco a mi padre un poco, además del tío Miki, y mi prima mis 3 primos, Joselinne, Álvaro, Seba y Dylan.
Desde el 3 de enero hasta el 28 de febrero hice la práctica profesional en el Puerto de Antofagasta (estudié Transporte Marítimo), y sin amigos me iba los sábados por la noche a la playa, a 3 cuadras de la en ese momento, “mi casa”, con una guitarra, una zampoña y una flauta dulce, y una botella de cerveza… hermosas noches esas… yo, mi otro yo, mi alter ego y yo mismo lo pasábamos “chancho”. Hasta a veces compartía momentos con otras personas, pero solo recuerdo a dos, que son las que vale la pana recordar… creo.
De lunes a viernes, de 8:00 hrs., hasta las 17:30 hrs., Puerto.
Todo el día en aquel instrumento de tortura, eso si, moderno, llamado escritorio, así que llegando a casa, saludo, cambio de ropa, otro vaso de agua y a trotar por la costanera mas larga de Chile… eso si que solo trotaba como 2.5-3.0 Km., pero casi a diario.
Terminando la segunda semana de febrero, conocí a un grupito de poetas y un pintor, todos jóvenes y muy apasionados por el carrete pesado y la palabra forjada en todas sus buenas formas.
Pongan todo esto en una licuadora, y que tenemos… Un autista medio loco, picao a artista, mas aperrado que la chucha y mas encima con una relativamente buena condición física.

San Pedro de Atacama, II Región de Antofasta, Chile

12 de Marzo de 2004
Llegué a San Pedro, busque un camping, y negocié un arriendo de bicicleta, de sol a sol.

13 de Marzo de 2004

8:50. “Desayuno; una palta, un atún, una taza de harina tostada con azúcar y agua
[1], y por supuesto… galletas de Avena. (No tengo sal). Espero tener suficiente energía para todo el día”

Me subí a la bicicleta, roja y bien pesada que me pasaron, y comencé a pedalear con destino a Guatin, a un bosque de cactus gigantes o algo así. A 28 Km. de San Pedro de Atacama
¿Notaron que en enero y febrero de bicicleta nada? Obvio, si era la primera vez en mi vida que me subía a una bicicleta para andar en un solo día tanta distancia. Pero eran dos los hechos que me alentaban; uno era que me había alimentado bien y había entrenado mi condición aeróbica, y el otro era que tengo “antecedentes” de bicicletero. Que a los 5 años saltaba “morros” 1.5 mt., incluso con mi hermano saltábamos niños. En lo personal salté hasta 3. Otro antecedente sería que mi padre moría por la bicicleta… un amante del ciclismo y el triatlón. Crecí entre de tubulares, parches, rayos, repuestos, abejitos
[2], etc. Desde siempre estuvieron las bicicletas en mi vida.

Después de haber pedaleado en una constante subida, hasta pasado el km 11 de la ruta B-245 pasa un furgón desocupado que se ofrece a llevarme… yo acepto. Y del km 11 al 32 como nada… suerte, porque habían unas subidas que, o arrugaba o moría (estaba a casi 3000mts de altura). Me dejo más arriba de Guatin, en un sector que según el señor que me llevó, lo llamaban “Puritama de los Pobres”.
En Púritama (no de los pobres), que son unos baños termales distantes a unos 3 km de donde me encontraba, cobraban $5.000 por entrar.
El lugar que me indicó el señor era algo así como un cañón, lleno de formaciones geológicas alucinantes que me recordaban al correcaminos. No había sendero para bajar arriba de la cleta, así que tuvo que ser al revés…la cleta arriba mío. Pasaba un riachuelo claro y de buen torrente, con pirigüines
[3] y renacuajos, había una pequeña planicie cubierta de una mezcla de arena blanca y pasto verde, además de inmensidad de “colas de zorro” y ningún rastro de humanos, al menos no para un ojo lego como el mío, cantaban pajaritos y el aire era fresco.

“Comienzo a fatigarme fácilmente, así que bajaré al valle donde pasa un riachuelo y los pajaros cantan. Estaré un rato, comeré y descansaré, luego continúo”
“…además de las ave, cantan las libélulas y el viento, y cada tanto interrumpe el bramido de un motor, sonido que acá es atroz y desagradable”
“Es impresionante la claridad con que se ven los estratos en las rocas y la quietud acá, y el valle. Estoy solo con los pájaros, las rocas, el agua y la vegetación de este valle… es un verdadero oasis, ahora voy a bañarme en el río, je je.”

Después de haber bajado la bici por un terreno muy complicado el cansancio se transforma en un mero dato, al recibir aquel oasis como recompensa. Después de todo igual me meto al agua, que tenía un caudal muy agradable, pero tibio y muy relajante. Si lo que querías era refrescarte debías buscar otro rió.

14:20. “Mi idea original era volver por el valle
[4] hasta el cruce de este río con otro, pero la vegetación lo ha tomado todo para sí, obvio, si acá el hombre no es nada, menos como ando yo; con una bici, mis piernas y mis ganas. Volveré al camino, pero sé que pronto me desviaré

Después de eso, muchísimas bajadas, o mejor dicho, una sola bajada de 32 Km, con algunos descansos en subida…

Como muchos saben, y como muchos tal vez no saben, tengo y mantengo una larga cabellera, que por esos días me llegaba al cóccix (cual Shiriu, Caballero Dragón). Ese día en específico usaba dos trenzas, una a cada lado, para que mantenga mi nuca despejada y fresca, y en general para que no me estorbara el pelo.
Cuando salí del agua tibia del río, que después supe que se llama Río Puritama
[5], mis tranzas salieron pesadas de agua, y por mas que las apreté para eliminar el exceso, no pude evitar que gotearan durante mucho rato y mojaran mi espalda.
Desconozco la temperatura exacta que había ese día, pero para los estándares de alguien que ha pasado casi los últimos 18 años de su vida en la costa de la V región, el día era bastante caluroso, además que por allá el aire es seco y delgado. Para que se hagan una idea; llevaba una camisa blanca, delgada si, a la que mojaban mi sudor y el agua almacenada en mis trenzas, pero bastaba con quitármela y mantenerla menos de un minuto con los brazos extendidos sobre mi cabeza para que secara completamente.

“Estoy regresando por una larga bajada, donde es fácil tomar velocidad. A todas partes donde miro me gustaría ir, pero el aire seco las hace ver cerca, y están a la con-lejos”

Una vez que terminé de descender una larga y recta bajada llego a una aparente subida de poca pendiente, pero resulta que me daba la impresión de que la bici seguía tomando velocidad sola. Ante tan extraña sensación decido detenerme, y para mi gran sorpresa la bici comienza a acelerar sola en una aparente subida. Presa de la sorpresa y la incredulidad me bajo para ver el entorno, los puntos de referencia, en fin todo lo que pudiera servir para aclararme si de verdad estaba en una subida o en una bajada… pero visualmente todo indicaba que era una subida. Supongo que se trataba de una ilusión óptica, talvez provocada por haber estado bajando durante tanto rato, o tal vez algún fenómeno magnético… quizás.

“Increíble, mi vista me dice que voy en una leve subida, mas mi bici, que he bautizado como Rocina… …no para de agarrar vuelo… sola.”

Luego de esta tan poco usual experiencia, continuo con mi descenso, mientras el volcán Licancabur me observa, y yo me extasío con su presencia y el imponente paisaje que me rodea.
En eso comienzan a aparecer hordas de nubes desde el Este, nubes oscuras, mullidas, cargadas y densas, macizas como las montañas que les servían de telón para hacer más espectacular su entrada en escena. Ellas avanzaban sin detenerse ante nada, cubriendo a su paso todo lo que alcanzaban con un manto de sombra, de bordes muy definidos, tanto que era posible seguir su movimiento con la vista. En realidad era imposible no detenerse, aunque sea un momento, para observar con atención y en silencio tan imponente espectáculo, donde la naturaleza hacia una sutil gala de su poder.
Desconozco en realidad a que altitud exacta estaba en ese momento, los que de seguro eran más de 2.500 mts, la cosa que eso ya no es lo que se denomina desierto propiamente tal, si no mas bien altiplano, o por lo menos una zona intermedia entre estos dos habitad, cosa que para ser sincero, no había considerado. También oí sobre el “Invierno Altiplánico” o “Invierno Boliviano”, que es un fenómeno que hace que en esa zona y en el altiplano propiamente tal las lluvias se registren en verano, y no en invierno, como es lo normal y ocurre en la mayoría de las regiones del globo. Y bueno, lo que sucedió fue que las nubes bellas y agrestes que venían a mi siga, como era de esperar, me alcanzaron con su mano de sombra. Pero había algo que a la distancia no pude percibir a simple vista, y era que bajo si las nubes llevaban vientos enormes y una pesada llovizna, los que se encargaron de hacerse notar sin rodeos a penas estuve a su alcance, bajo la sombra de su nave nodriza nubes.
Así que de estar embobado con la oportunidad de poder ser testigo ocular en primera fila de la belleza de una demostración leve del poder de la pacha mama, de pronto estoy dentro de esa leve demostración, que ya no se sentía tan leve, al menos no en pantalón corto y camisa.
En realidad iba concentrado en el pedaleo y el camino, cuando de pronto y mediar provocación, recibo un ataque, que me pareció absolutamente desmedido, con una ráfaga de viento frío y húmedo directo al cuerpo. Fue tan fuerte y de improviso que me sorprendió mucho, incluso debo confesar que me asustó, por lo que me detuve tan rápido como pude e inconscientemente me volteé para ver que tan cerca de mí venían las nubes, y lo hice justo a tiempo para presenciarme entrar en sus dominios, para verme caer bajo su manto, mejor dicho, para ver su manto caer sobre mi. Cuando eso sucedió, me sentí como transportado instantáneamente a otro lugar, lejos de ahí, pues apenas el oscuro manto de las nubes me tocó pude sentir la llovizna que no había podido ver y la sombra que hizo temperatura notablemente menor una vez separado de la luz directa del sol. Todo esto en solo segundos, o menos quizás, por lo menos a mi me pareció instantáneo.
Mi primera sensación fue sorpresa; cómo se puede pasar en segundos, insisto sólo segundos, de un día caluroso y soleado, con una tibia brisa, a uno nublado y cerrado, lluvioso y con un enorme viento frío.
Del asombro pasé al miedo, me sentí infinitamente desprotegido y vulnerable, sentía que debía salir de ahí lo antes posible. Ya había visto a la pacha mama cambiar su estado de animo brusquísimamente en sólo segundos, y no estaba dispuesto a esperar a ver que lo hiciera de nuevo conmigo ahí. No tenía abrigo, ni forma de pedir ayuda si me pasaba algo, pues los celulares servían solo para dar la hora, literalmente. Vehículos había visto pasar unos cuantos, pero casi todos en la mañana, y ya un par de horas que no veía ninguno, por lo que no los consideré como una posibilidad.

16:45 “Comienza a hacer frío. Lejos, en San Pedro se ve sol, acá está lloviendo, salió un viento enorme, la montaña no me quiere más acá”

De ese modo, en short y camisa, comencé un rápido pero cuidadoso descenso azuzado por la lluvia, el frío y el viento, y por que no reconocerlo, por el miedo. Estuve sólo bajando a un buena velocidad por cerca de una hora (chúpate esa) cuando el viento y la llovizna cedieron. Junto con ellos dejé atrás la vegetación que había más arriba como quiscos, cactus y pastos duros, con lo que supuse estaba dejando atrás el clima de la montaña para volver al clima desértico, lo que me tranquilizó bastante, pero no tanto en realidad.
En eso la pendiente comienza a desaparecer y llego a Guatin, una comunidad agrícola pequeña, donde convergen el río Puritama y el río Purificada
[6], el primero de aguas termales, el segundo de deshielos. Los nativos y los mapas los llaman ríos, pero para los estándares de la zona central y sur de Chile creo que serían riachuelos nada más. En Guatin sólo doy un vistazo y continuo, esta vez con un pequeño ascenso, donde me adelantaron unos carabineros en moto, lo que no me hubiera llamado la atención si uno de ellos no hubiera llevado una enorme y vistosa mochila roja en su espalda... curioso, no?
Nuevamente bajando, y ya mas relajado sin que me hostiguen la lluvia y el viento miro atento alguna senda, algún camino natural por donde pueda continuar mi descenso, sin perderme claro está. Estaba en eso cuando creo encontrar lo que estaba buscando, aparentemente era el lecho de un río seco o de un estero donde a simple vista era posible pedalear, solo había que bajar uno 80 o 100 mts con la bicicleta al hombro, lo cual obviamente estaba dispuesto a hacer, y de hecho hice. El terreno era muy pedregoso, y por lo tanto bastante técnico, pero muy divertido, y el hecho de ir fuera del camino propiamente tal me daba una aun mayor sensación de placer y libertad. Pensaba que talvez hace mucho tiempo nadie transitaba por ahí, pensaba que talvez podría ser yo el primer “blanco” en transitar esa zona. Estaba entre perdido en mis sinrazones, y concentrado en la ruta, que estaba muy entretenida y exigente técnicamente. Estaba ocupadísimo en esto cuando de pronto veo un letrero de unos 30x15cm en una estaca que no superaba los 40cm de alto, como imaginarán era un letrero bastante pequeño, pero el hecho de que estuviera ahí me llamó profundamente la atención. El letrero se veía viejo y descuidado, pero de cerca se podía leer claro lo que decía: ZONA DE EXPLOSIVOS. En realidad no entendí mucho de que se trataba... al menos pretendí no entender, lo cual es bastante tonto si consideramos que andaba solo, ¿a quien engañaría? Continué el pedaleo concentrado solo en el camino, sin pensar ya en mis sinrazones, evitando especialmente pensar en aquel letrerito que pretendía no entender e ignorar. Luego de recorrer una distancia que no podría decir cuanta encontré otro letrero con la misma frase, e igual de viejo y abandonado, pero este era de dimensiones más tradicionales para un letrero caminero (pero fuera del camino). Evitando pensar en los letreros y lo que significaban simplemente seguí avanzando, nuevamente con deseos de salir de ahí. Luego a la distancia veo otro letrero, este si era grande, de unos 3 mts de largo y unos 1,5 o 2 mts de alto, mas la altura de los postes que lo sostenían, y estaba detrás de una cadena (adelante desde mi perspectiva) que impedía el paso de manera casi simbólica. Para ese momento lo único que quería era cruzar esa cadena y leer ese letrero, que en cierto modo sabía, o a lo menos sospechaba lo que decía. Cuando pasé junto al letrero no lo leí inmediatamente, por alguna razón esperé a estar del otro lado de la cadena para hacerlo. Una vez al otro lado de la cadena, que no era reto para nadie pasarla, pude leer: NO ENTRAR, CAMPO MINADO. Como podrán imaginar, tuve una ola de sensaciones, se me aceleró el corazón, pensé en lo pudo suceder de dar un mal paso. Y 20 mts mas allá otro letrero, este más grande aun que decía; MANTENGASE ALEJADO, CAMPO MINADO
[7]. Se dan cuenta que encontré todos los letreros de atrás para adelante, parece que nadie imaginó que a algún descriteriado se le ocurría entrar a esa zona por otro lugar que no fuera el más obvio.
Reconozco que a veces realizo acciones temerarias, pero con conocimiento de los riesgos, y recordando siempre que la diferencia entre la valentía y la estupidez es ínfima. Por lo mismo en Antofagasta había preguntado a todos casi sobre los peligros del desierto, y nadie me insinuó siquiera que podría encontrar esas zonas malditas. Meses después vi “Máxima Aventura”, un programa de National Geografic TV, a unos socios que les pasó algo parecido, se salieron del camino y entraron a una zona de explosivos, pero ello no solo vieron los letreros, sino que también vieron llamas (los camélidos) que habían corrido peor suerte que yo y que ellos, y que habían sido “voladas”.

“...de todas formas hice turismo exploratorio tipo National Geografic, vi lagartos y unos mamíferos, aparentemente roedores, los fotografié, pero no creo que pueda encontrarlos bajo su camuflaje”

Cuando llegué de regreso al pueblo me quedaban dos horas de bici todavía y un poco menos de luz, así que hice cumbre en un cerro cercano al pueblo, no muy alto eso si, pero forradito en roquitas, por lo que el pedaleo era bastante pesado y técnico, pero solo pensaba que sería el último esfuerzo y luego podría descansar toda la noche si quería. Una vez arriba observé el sol ponerse tranquilamente, y con el poco de luz que me quedaba volví al pueblo, donde llegue de noche y casi sin energías. Sentía como si hubiera jugado 10 o 15 pichangas seguidas, con decir que me quejaba hasta para pestañar, pero me sentía muy bien... en realidad estaba feliz y satisfecho con mi desempeño, aunque luego, meses después, con mas kilómetros pedaleados en el cuerpo me di cuenta que tenia mucho mas para entregar sobre dos ruedas.

“Por ahora estoy Muerto, a si que voy a tocar un poco, pero en el campamento y luego a dormir, porque necesitaré energías para mañana”

FIN DE LA PRIMERA PARTE.
[1] Agua fría. Para ahorrar pe$o llevaba unicamente alimentos friós, suficientes para 8 días
[2] Abejito: Barra de alimento para deportistas a base de productos provenientes de la apicultura.
[3] Pirigüín: no aparece en la RAE, pero es el estado intermedio entre rana y huevo, algo parecido a un pececillo.
[4] En realidad era un cañón
[5] Puritama: Que en lengua Kunza, significa “Agua Caliente”
[6] Purificada: proveniente de la lengua Kunza, quiere decir “agua fría”
[7] Esos campos de la muerte supuestamente protegen ciertas zonas fronterizas de Chile de posibles invasiones extranjeras (Argentinas y Bolivianas)

06 febrero 2006